Alma en gracia

Creí estar dañado, roto, como una figura de porcelana en el suelo. Creí no poder levantarme más, harto de blanca, fría y ruidosa desesperación. No podía dejar de pensar que fui un error, que otra alma debió caer a este cuerpo, que me debí de haber quedado donde quiera que haya estado antes de nacer. El cielo estaba apagado, los colores no existían, los rostros de la gente estaban cruelmente tachados, las voces distorsionadas y sus palabras fantasmas. Deseaba poder sentir, deseaba poder ver, deseaba poder hablar, deseaba poder amar. Lo bello de todo esto sin embargo, es que todo lo que he dicho hasta ahora está en pasado. Pues todos mis deseos los concediste tú.

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El Hechicero

Habia olor a cenizas de tabaco y magia. Era la primera vez que el consejero verde había pisado ese lugar tan recóndito. Frente a él, se alza un palacio cubierto de mana. Ahí estaba él, ese a quien llamaban Rey de Licantropos, ese a quien llamaban Inmortal Guerrero de la Luna de Sangre, ese al que llamaban el Hechicero de la Oscuridad.

“Feliz primavera” dijo con tono burlón.

“Feliz muevo siglo” responde el consejero.

Compartiendo copas, grimorios y ambuletos de protección, ambos se juraron hermandad. Un pacto irrompible entre nobles poderosos.

Lumen cordis

Te confío mi corazón, cuyas tinieblas disipaste y de luz llenaste. Ese brillo de lustre y amor, cual aurora resplandeciente sobre sus latidos calma mi alma sobre su regazo. Cuida de él, oh mi amor, pues en él mi vida y esperanza reposan. Así como yo cuidaré de ti, mi luz infinita.

Yellow street crime scene

La vida continua, ni todo el fuego ni el agua ni la tierra podrán calmar esta alma melancólica. Ese vacío no lo puedo saciar con nada, cual espacio exterior sin planetas y estrellas que lloran tu ausencia, mi cielo y mi mundo se hundieron en un apocalipsis del que no tenía salvación. Mi corazón se pregunta ¿Algún día volverá? Sabiendo que no le gustará la respuesta mi conciencia sólo se limita al mismo silencio que ella daría a la misma pregunta. Mi tiempo se detuvo cuando se fue, mis ideas nacieron por su distanciamiento. Lo único que me puedo repetir en estos casos es con lo que mis tortuosos recuerdos me permiten. Un crimen más quedó sín resolver en este camino amarillo, uno más…

Réquiem a la musa

No tengo forma de llenar mi vacío, oh sol gran estrella de fuego, no puedes ya quitarme el frío, y esa musa caída que se burla y ríe de mi ego, unde bajo inexistente agua que calla mis gritos, oh luna tierra del destino, te mofas de esos mitos de amor o eso a menos opino, trasmites un aura tan blanca que dejaría ciego a cualquiera, pues en esta era de oscuridad la vanidad de la soledad opaca la luz, la desidia y la envidia empobrecen el corazón culminando así en la pérdida de la razón. Te buscaré una vez más, pues en mi mundo tu fulgor emanarás.

Y así cayó para siempre

“No puede ser” pensaba mientras giraba todo lo que podía divisar. Cual meteorito caía al mundo velozmente mientras pensaba en todo lo que le había pasado.

El viento en su rostro le indicó su destino, pero aún así festejaba su triunfo, pues pronto acabaría.

Recordó toda su vida, todo lo bueno y lo malo bailaban en un compás de felicidad y desesperación que provocaban una hermosa paradoja.

Hace tiempo que dejó de creer, hace tiempo que dejó de existir, esa caída era lo único que le quedaba. En sus ojos se reflejaban sus sueños ahora rotos, destrozados, pero todo estaba bien.

Todo sigue, todo cambia, nada termina, como esta infinita caída. No hay camino, no hay redención, sólo recuerdos rotos de lo que alguna vez fue y no volverá a ser. Adiós dijo por última vez, en ese momento cuando empezó a caer…

Tus nubes

Solíamos mirar las nubes, era como un pasatiempo en nuestros tiempos libres. Era interesante conteplar sus cambios al igual que su rostro, sus expresiones, su alma. Me hacía feliz con tan poco, que dudaba en agradecérselo.

Blanco… me contaba historias con las figuras que formaban… siempre me divertían. El mundo giraba más rápido. El sol comenzaba  a esconderse.

Naranja… las formas se desvanecieron y dejaron caminos en el cielo. “¿A dónde llegaremos?” Me pregunto mientras pienso que no quiero ver el final.

Negro… logramos ver la primera estrella, las nubes empiezan a acelerar al ritmo de mi corazón. Buscaba la forma de frenarlo un poco pero no era posible.

Gris… luces brillan en sus ojos, se siente intranquila hasta que un abrazo mío logra disipar su temblor… un beso se alza durante un instante estruendoso. Las nubes, ese pasatiempo que compartíamos, atestiguaron mi más preciado momento.

Ángel de nieve

Su caminar es lento en esta noche de invierno, su mirada desorbitada y nublada le dificultan los pasos mientras intenta sostenerse de lo que sea.

-“Ya llegaré, la felicidad me espera”- pensaba recordando su rostro.

Copos caían con lluvia a su alrededor: ese tipo de frío hace en este momento, su aliento se puede ver como si fuera su alma saliendo de su cuerpo, sus pasos se marcan en el suelo revelando la fuerza que pierde en darlos. Ya no recuerda a donde tiene que ir, que tiene que hacer, ni quién es realmente esa persona a la que cree ver en su mente.

El puente es largo, no logra escuchar nada en la lejanía, ni siquiera ese murmullo, esas risas que soltaban juntos, esos momentos felices.

-“Tengo que llegar a la felicidad”- Se dice, pues es lo único que le queda. Ya los recuerdos se congelaron en ese camino tan largo.

Escucha un chirriar corto, resbala quedando en una forma de Ángel mientras el suelo le otorga ese último y frío beso.

Lo recuerda todo, y por primera vez en su vida se da cuenta de la verdad. Siempre fue feliz…

Distancia de la Luna

Habia una luna de distancia, la comprensión era la base de todo, sus charlas y sus bromas eran el alma de la relación, sus corazones conectados y entrelazados de una forma especial. 

Había una luna de distancia, una inmensidad, un camino impensable. Sus cartas llegaban en minutos y a pesar del espacio entre ellos se querían de una forma sin precedentes. La impaciencia sería pues contraproducente a su conexión. 
Habia una luna de distancia, el tiempo los perdonaba aun con la felicidad o tristeza que les causaba. El calor que se brindaban les daba vida y amor. 

Hay dos lunas de distancia, el mundo les pregunta el porqué de su lejanía, sus cartas siguen, sin embargo, siendo tan fuertes y cargadas de cariño como el primer día que partió. Las estrellas fugaces que les conceden el deseo de seguir juntos les dan fuerza para verse una vez más.

Desilusión gris

Llovizna, y en ese frío ambiente de otoño cuyo mes había olvidado estaba de pie. Pensando en cómo el tiempo sobre el que pasó no volverá y añorando esas cálidas tardes de su verano en las que nada parecía molestarle. Su música ya había parado en su reproductor y ese patio en el que se encontraba le parecía cada vez más amplio y menos acogedor. Las sombras a su alrededor no le proporcionaban una vista agradable mas si idónea a modo de reflejo de su alma. El viento soplaba con una suavidad que al menos debería ser reconfortante pero nada más alejado de su realidad. Su ropa se teñía de un tinte más oscuro pero no eran las gotas de lluvia, no está vez. Podía ver las nuves brillantes por las luces de esa ciudad en la que ya no tenía fe. Este era su otoño, lleno de todo lo que le afligia y de lo que no se podía deshacer. Lo que en su mente resuena es lo que más odia pero aún así logra salir de su boca. -“ya no puedo más”- dice con una risa de insatisfactoria resolución. El mundo le da ánimos y sólo por eso vale la pena un día más, un día más.