Legión

Hace mucho tiempo que nos dejó de preocupar.

De “todo”, realmente de “todo”.

Nos llevó toda la vida descubrirlo, realmente nadie lo puede saber sin haber sufrido lo que la gente sufre, nos divagamos mucho pero al final llegamos siempre a la misma solución, solo juntos podemos prevalecer, solo juntos podemos vencer a lo que sea, solo juntos podemos sobrepasar todo lo demás.

Solo juntos.

Solo nosotros.

SoloNunca más.

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Risa de angel

Tu, oh gran figura, batiendo esas magestuosas alas brillantes, carentes de cualquier color, resplandecientes como si emitieran luz propia, tú que brindas un aire de pureza mientras tu reflejo cruza por los vidrios de edificios en esta fría ciudad ¿Estás acaso buscando algo en este mar de cabezas simples y a la vez complejas que no son capaces de voltear a verte? ¿Algún objetivo que busque redención bajo tu cuidado? Se te considera guardián de todos o algo así me narraron antaño, pero esas solo eran historias. Entonces, si puedo preguntartelo antes que viajes más allá de donde mi vista puede alcanzar… ¿Por qué sonríes ante lo que ves? Un desasosiego y tantas almas como estrellas en el cielo que parecen tan vacías como las calles que recorres, esa mirada de pena y a la vez satisfacción, esa imagen… es la imagen de un ángel que vuela sobre la gente que no sabe el estado en el que todos nosotros nos encontramos. Esa es la imagen de ángel que rie en su camino al vacío.

Carta del protagonista perdido

El elenco se preparó, caía nieve sobre el escenario sobre el cual iban a actuar. El cuerno sonó estrepitozamente al tiempo que las miradas se dirigieron a esa obra casi incomprensible, una oda a la extrañeza, al desdén. Por alguna razón bajo el frio viento de invierno donde los aplausos duelen, los ojos lagrimean, la toz y el sueño se hacen presentes, allí seguía la audiencia. Encadenados por la orquesta de sonidos apagados, encantados por las danzas de movimiento calculado, engatuzados por las actuaciones con diálogos que no hacían ningún sentido lógico.

¿No te parece ridiculo que sigáis allí?

Pero…

¿Donde estaba yo a todo esto? Te preguntarás. Pues sinceramente es una pregunta ridículamente rara. Estoy aquí. Mirame. En medio de todo esto. En medio de vosotros. De la gente. De los actores. De la escarcha. Estoy en medio de todo lo que les rodea. Abrazandolos, creyendo que puedo ayudarlos pero no. Yo soy el actor principal al cual nadie nota. Yo soy el hombre de arena disfrazado del frio en la noche. Yo soy el que te mantiene entretenido, embobado con cualquier cosa de somera, casi nula importancia durante tu vigilia. Soy la causa de los declives. Pero basta de rodeos, pues al cabo de todo… Pues yo soy... .

Bajo estrellas de agua y fuego

Escuche una voz que de forma enloquecida gritaba incoherencias a la luna, pobre alma perdida en la insolación, el fuego generado por el calor, por la combustión espontanea que el astro rey patrocinaba con tanto fervor era apagado por la misma tormenta que siempre se avecinaba una vez el día terminaba. Es lo normal desde que este mundo pereció. Solo los limites son conocidos por los sobrevivientes. El bunquer en el que vivo, con entrada llena de secos restos de hojas ahora llevados por el agua que corre por las paredes humeaba en son de aliviar su calor.

“Los ansestros, de hace ya tiempos inconmensurables son los culpables”. Eso era lo que nos decian nuestros abuelos, pero a los jovenes no nos importaba ya el asunto, pues tanto ha pasado que no hemos visto otra cosa.

El ciclo había cambiado desde sus tiempos, en vez de luna y sol, dia y noche, nos regiamos por los horarios de fuego y agua, siendo esta segunda la único en la que podríamos aventurarnos a salir.

Por demás solo soñabamos, con ese momento en el que una estrella fugaz nos avise que la humanidad vendría a rescatarnos, pasando por el cielo abrazador o la tormenta eterna de la noche.

Reflexión breve de un somnoliento

Blanco sonido llenaba el cubículo, miestras se podía ver un hermoso día bajo estándares normales, el cielo dejaba caer gotas de sol calidas al tacto mientras contrastaba con la fria y humeda soledad intrínseca de mirar al vacío y pensar en la realidad. El sueño lucido que transporta al alma a ningun sitio y la llama que intenta por todos los medios calentar la ténue luz de la esperanza que todos deceamos tener, pero de la que aun así todos huimos con el pecho en alto inflado por orgullo y vanidad. El momento del viaje al sueño perdiendo la lucidez revela nuestra verdadera naturaleza demostrando nuestros más grandes secretos. La cura a la pereza y la desidia es un corazón lleno. Y todos tenemos la forma de llenar el nuestro.

Reflexion y silencio

Calma… la lluvia dejó un silencio en la ciudad. Las calles, frías y húmedas eran rociadas por la luz de los rayos restantes. El viento hablaba sólo sugiriendo que todos se habían ido. El sol extrañaba la presencia de la gente, cual reflector sobre el telón. Dos almas de la mano caminando en el pavimento. Un susurro, dos susurros, y de nuevo silencio, pues la brisa les explica que es momento de contemplación, la lluvia les replica la calma de ese instante que no volverá a repetirse, el pavimento, con las gotas cayendo, saltando hacia su libertad y nuevamente volviendo a caer les revela el sentido que no están buscando, una respuesta a una pregunta jamás formulada. El sol sale de su letargo, volviendo a dejar en curso ese disco llamado vida que casi nunca se detiene a reflexionar. Las dos almas, observando el cielo, rememoran su existencia, y hacen conciencia de su ubicación y su tiempo.

El escritor de cuentos

Érase una vez…

En mi niñez solía jugar en el patio, aunque ahora ya no lo parezca, y observaba las aves y las plantas. Corría por todo el lugar a mis anchas como si el mundo, o algo menos de aquel diminuto pedazo del mundo, fuese todo mío. Eran bellas las tardes matizadas color naranja así como el último resplandor del cielo antes de opacarse en la tranquilidad del ocaso, pues su oscuridad iluminada con estrellas creaban una sensación de somnolencia.

-¿Qué ha cambiado desde entonces?-me pregunto.

¿Es acaso mi juventud que yace en forma de recuerdos en ese altar de mi memoria? ¿Es acaso el cielo el que ya no brilla como antes?

Pero esto no es malo, debo decir, pues antes solía jugar en el patio, observaba las aves y las plantas. Corría por el lugar cuyo dueño, pero ahora me siento en un lugar al cual pertenezco. Empecé a crear un nuevo mundo y por primera vez… aprendí a compartirlo con los demás.

Comenzando así: “Érase una vez…”

Teatro monocromo

La niebla cubría una tenue luz amarilla del poste de la esquina, era de noche, el cielo estaba tan nublado como las calles, la luna del mismo color del reflector alumbraba a las sombras de las personas cual actores tras bambalinas.

-“¿Conozco esta coreografía?”- Es la pregunta que me hace la noche.

-“Por supuesto que si”- respondo.

Recorren de la mano, caminan juntos, buscando, encontrando, cantando, llorando y riendo entre sí.

Amor, odio, felicidad, tristeza, frío, calor. Este teatro de finales tristes, finales felices.

Esta es una mascarada de tragedias y comedias, romances y drama, ficción, realismo y fantasía.

Esta obra la he visto millones de veces. La gente se pone de pie, la vida reverencia a un tornado de aplausos. Cierra el telón, con un “gracias”.

Alma en gracia

Creí estar dañado, roto, como una figura de porcelana en el suelo. Creí no poder levantarme más, harto de blanca, fría y ruidosa desesperación. No podía dejar de pensar que fui un error, que otra alma debió caer a este cuerpo, que me debí de haber quedado donde quiera que haya estado antes de nacer. El cielo estaba apagado, los colores no existían, los rostros de la gente estaban cruelmente tachados, las voces distorsionadas y sus palabras fantasmas. Deseaba poder sentir, deseaba poder ver, deseaba poder hablar, deseaba poder amar. Lo bello de todo esto sin embargo, es que todo lo que he dicho hasta ahora está en pasado. Pues todos mis deseos los concediste tú.

El Hechicero

Habia olor a cenizas de tabaco y magia. Era la primera vez que el consejero verde había pisado ese lugar tan recóndito. Frente a él, se alza un palacio cubierto de mana. Ahí estaba él, ese a quien llamaban Rey de Licantropos, ese a quien llamaban Inmortal Guerrero de la Luna de Sangre, ese al que llamaban el Hechicero de la Oscuridad.

“Feliz primavera” dijo con tono burlón.

“Feliz muevo siglo” responde el consejero.

Compartiendo copas, grimorios y ambuletos de protección, ambos se juraron hermandad. Un pacto irrompible entre nobles poderosos.